12 mayo 2013

[doc] HOLOCAUSTO Y PORNOGRAFIA + carátula + streaming

Pedido por Anónimo (no pude avisarle)
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Es uno de los secretillos sucios de Israel. A principios de los años sesenta, mientras la opinión pública israelí se exponía por primera vez, durante el juicio a Adolf Eichmann, al shock de los testimonios de supervivientes al Holocausto, una serie de libros de bolsillo pornográficos se convertían en best-sellers: recibían el nombre de Stalags y se basaban en temáticas nazis.
Leídos a escondidas por una generación de adolescentes israelís, a menudo hijos de supervivientes, estas novelitas pulp recibieron el mismo nombre que los campos de prisioneros de la Segunda Guerra Mundial en los que se ambientaban: Stalags. En sus páginas los lectores se encontraban con perversos relatos sobre pilotos americanos y británicos que sufrían abusos por parte de oficiales femeninas de las SS provistas con látigos y calzadas con botas de cuero negro. Las historias casi siempre terminaban con los protagonistas masculinos cobrando venganza, violando y asesinando a sus torturadoras.

Tras décadas ocultos en polvorientos trasteros y armarios, los Stalags, un peculiar amasijo de nazismo, sexo y violencia, han salido a la luz; y con ellos un debate olvidado sobre una representación israelí del nazismo y el holocausto que se mezclaba indebidamente con perversiones sexuales y voyerismo, y que ha llegado hasta los colegios.
«Me percaté de que las primera imágenes del holocausto que vi mientras crecía eran mujeres desnudas», explica Ari Libsker, cuyo documental "Stalags: Holocausto y Pornografía en Israel" fue presentado en el Jerusalem Film Festival. «Estábamos en el instituto», anota, «y recuerdo cómo nos perturbaban».

Los Stalags fueron practicamente la única pornografía disponible en la puritana sociedad Israelí de inicios de los sesenta. Desaparecieron de manera tan súbita como aparecieron. Tras dos años de edición, los retiraron de los quioscos que pueblan los alrededores de la estación central de buses de Tel Aviv cuando una corte israelí declaró a los editores culpables de difundir pornografía. Se acusó al Stalag más popular, "Yo fui la puta privada del coronel Schultz", de cruzar todas las fronteras de lo aceptable y se ordenó a la policía secuestrar hasta la última copia. Los Stalags dejaron de imprimirse y pasaron a la clandestinidad, circulando a través de tiendas de viejo y entre un furtivo grupo de coleccionistas.

Hasta que el juicio de Eichmann se inició en 1961, las voces del Holocausto prácticamente no habían sido escuchadas en Israel. Los supervivientes percibían la ambivalencia de los viejos que les culpaban de no haber emigrado a tiempo, y cuestionaban los actos inmorales que habían tenido que realizar para mantenerse con vida. En la película, el editor del primer Stalag, Ezra Narkis, reconoce que fue el juicio, con todos sus detalles sensacionalistas y a menudo sanguinarios, el que dio relevancia al género.

K. Tzetnik era el seudónimo de Yehiel Feiner De-Nur. El alias, una abreviación de campo de concentración en alemán, se suponía que representaba a todos los supervivientes, una especie de fulano de tal del holocausto. Uno de los más grandes éxitos literarios de K. Tzenik, "La casa de muñecas", publicado en 1953, contaba la historia de un personaje supuestamente identificado con la hermana del autor que sirvió a las SS como esclava sexual en Block 24, el conocido barracón del placer de Auschwitz.

Aunque un clásico del holocausto, muchos académicos lo describen como una farsa pornográfica. «Era ficción,» afirma Na'ama Shik, investigador en Yad Vashem y una autoridad en materia de memorias de los mártires y héroes del holocausto. «No había putas judías en Auschwitz.»
Para muchos israelitas, la parte más dramática del juicio a Eichmann fue el testimonio de K. Tzetnik. Su verdadera identidad fue revelada por primera vez en su declaración como testigo, cuando se desmayó. Simultaneamente, los Stalags alcanzaban la cima de su éxito comercial. Yechiel Szeintuch, profesor de literatura yiddish en la Hebrew University, rechaza cualquier conexión entre los sucios Stalags y los escritos de K. Tzetnik como "pecado original". Insiste en que la obra de K. Tzenick está basada en la realidad.

Pero Libsker, de 35 años, nieto de supervivientes al holocausto, responde que eran la misma mezcla de "horror, sadismo y pornografía" que sirve para perpetuar la memoria del holocausto en la conciencia israelí hasta el día de hoy.

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